HISTORIA DE LA SAGRADA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA BIEN APARECIDA
CAPITULO VIII
DISCURRESE SOBRE LA ANTIGÜEDAD De la Sagrada Imagen de Nuestra Señora
Así como desde la Aparición de la Sagrada Imagen podemos hablar con seguridad por la mayor parte, por no haber podido la brevedad del tiempo borrar los instrumentos que testifican la verdad, así es forzoso, que caminemos por las sendas de la antigüedad con zozobra, temiendo tropezar en el escollo del error; a causa de que los muchos años, y circunstancias en ellos acaecidas, nos han borrado las huellas de lo cierto, precisándonos a caminar al tiento por lo dudoso, más no por eso dejaremos de ponernos en camino; ya porque por el del error suele a veces descubrirse la verdad; y ya porque a lo menos hallaremos un pasto delicioso para la devoción, que es “como queda dicho) el principal intento de esta Historia. Esto supuesto, digo, que la Sagrada Imagen fue sin duda tenida en mucha veneración en los siglos pasados, como de todas las Imágenes aparecidas se cree comúnmente; porque todas fueron escondidas por los católicos, cuando invadida nuestra España por los Mahometanos, se retiraron los nuestros a sacudir la pesadumbre del yugo; y claro es, que tendrían más cuidado en ocultar las Imágenes que más estimaban.
Esta es una razón muy suficiente para persuadirnos a que fueron tenidas en grande veneración, y estima todas la Efigies aparecidas; y pasando ahora más adelante hallaremos no poca razón para decir lo mismo con especialidad de nuestra Bien Aparecida; porque, o sin duda que allí la retiraron los Católicos, que buscaron en aquellos calamitosos tiempos su abrigo en la Cantabria; o que los mismos cántabros la escondieron, temiendo ser invadidos, como los de otras provincias; y cualquiera de estas dos cosas que haya sido, nos obliga a creerla muy venerada.
Ya dejamos dicho, que «al lugar donde se apareció esta Sagrada Imagen se retiró el infante don Pelayo», el que, aunque no era rey de España por aquel tiempo, era hijo del duque de Cantabria, y tan principal en el Reino, que muerto don Rodrigo, no hallaron nuestros españoles otro tan acreedor a la Corona.
También hemos visto, que allí se crio el conde Fernán González, Soberano en el Reino de Castilla; lo que nos mueve a discurrir, que la Nobleza más lucida de España buscó en aquellas partes su refugio, acompañando a unos Príncipes tan esclarecidos; y por consiguiente no iremos muy desencaminados en creer, que estos, o algunos de ellos, si acaso no fuel el mismo don Pelayo o Fernán González, los que retiraron esta Imagen Sagrada, pues siendo esto así, como es muy verosímil, si no la escondieron los mismo cántabros; ¿en qué veneración, y aprecio se tendría una Imagen, con quien la mayor Nobleza de España tenía tanta cuenta? Y en el caso de hayan sido los mismo cántabros los que la ocultaron, hallaremos también, que era la que a estos robaba las atenciones, pues, como ya hemos dicho jamás entraron los Moros en aquella tierra; y ocultarla solo con el recelo de que podrían invadirla, es una señal grande de la mucha estimación en que la tenían, que a no ser así, no se hubieran prevenido tan de antemano para ocultarla; con que de cualquiera de los dos modos que haya sucedido, como parece preciso, o a lo menos muy verosímil; tenemos grande fundamento para persuadirnos a que esta Imagen Sagrada fue en los tiempos antiguos muy venerada por nuestros españoles.
Esto nos obliga a dar algún asenso a lo que dicen comúnmente los cántabros de la antigüedad de esta Imagen, la que traen desde el tiempo de los Apóstoles, pareciéndoles, que Santiago, entre otras muchas hechas por Nicodemo[1], y barnizadas por San Lucas, trajo la de la Bien Aparecida, y es cierto que para haber sido esta Imagen tan venerada por los antiguos cántabros, alguna particular circunstancia habían de notar en ella, que no divisaban en otras “y no podemos rastrear otra que la de su mucha antigüedad) parar moverlos a una particular veneración. Es la antigüedad, tan venerable, que solo el nombre antiguo mueve a respeto, como discurre Gregorio López Madera, por persuadirse el vulgo, que la ancianidad está más vecina a Dios, y a su Madre Santísima; y así no es mucho que sean más veneradas las más antiguas, que trajeron a España los Apóstoles, por acercarse más al tiempo de la Pasión del Hijo de Dios, y a los brazos de su Bendita Madre, en los que sin duda estarían; y serían tal vez dadiva de la misma Virgen, para que repartidas por los Apóstoles a los Fieles, recibiesen estos con la fe del Hijo la devoción a la Madre. No nos ayuda poco para creer esto la pequeñez de esta Imagen, muy proporcionada para ser conducía a cualquier parte por aquellos sagrados Varones. El ignorarse la materia de que fue hecha, la permanencia del color, y demás señales que dejamos declaradas en su descripción, son también otros tantos caminos que nos llevan a creer su mucha antigüedad, y que el Apóstol Santiago enriqueció con ella a nuestra España; dejando a los de Cantabria aquel Tesoro, o a los de otras Provincias, que temerosos de perder tan exquisita Prenda, la retiraron de los Mahometanos; bien que todo esto no pasa de una piadosa conjetura.
En los mismos términos podemos también decir, que fueron los cántabros los primeros españoles que la veneraron, aun cuando haya sido llevada de otras provincias; Porque no es de temeridad creer, que los Apóstoles mostrarían los tesoros sagrados que llevaban en las provincias donde predicaban, y cuando predicó Santiago en aquella provincia tenía aún consigo todas las imágenes, por ser allí donde desembarcó. Ya he dicho que esto no pasa de mera conjetura; Pero veremos Ahora que no tienen más razón, ni tanta, otros escritores para decir Desembarcó en otras partes. Y si la noble codicia con que cada uno quiere que su Provincia sea la primera en escuchar el Apostólico sonido, le hace disculpable el desembarcarle En su Patria con leves fundamentos, razón será que se nos sufra desembarcarle en la Cantabria cuando, aunque los fundamentos no son irrefragables, no ceden en firmeza a los demás.
La autoridad del Obispo Tajón[2] sobre este punto es mayor que la de muchos autores, porque ciento suelen no valer más que uno solo, por no hacer los noventa y nueve otra cosa que seguir al primero, sin hacer averiguación ni examen; como si le hicieran Injuria en no creerle ciegamente, no reparando que se hacen a sí mismos poco favor en creer con demasiada ligereza, pero este prelado tenido de todos por digno de fe, compuso su historia de los fragmentos que dejó San Anastasio discípulo del Apóstol Santiago, que le acompañó desde Jerusalén, y a quien como testigo de vista le tocaba saber mejor en donde desembarcó el Apóstol. Dice, pues, unas palabras cuyo sentido en buena gramática es el siguiente, Saliendo el Apóstol Santiago de Jerusalén vino predicando a España, pasando desde allí por Asturias, desde donde vino a la ciudad de Oviedo; de estas palabras infieren algunos, que desembarcó el Apóstol en Asturias, pero con muy poca razón, porque bien claro da a entender que el lugar en donde desembarcó es distinto de las Asturias, por donde fue a Oviedo; así como es distinto de la ciudad de Oviedo, a donde fue, si el Apóstol desembarcó en Asturias, lo que nos querrá decir el Obispo es: desembarcó en Asturias y caminando de Asturias por Asturias, fue a Oviedo, que es una inteligencia intolerable; y así es preciso decir, que según este Autor desembarcó el Santo en Provincia distinta de las Asturias, lo demás será confundir el lugar donde desembarcó con el lugar a donde desde allí fue y que atravesó para llegar a Oviedo. También dice el Obispo, que desde Oviedo paso el Santo a Galicia, y llegó a una Ciudad llamada Padrón, y que desde aquí se encamino a Castilla, llamada la Mayor España. De aquí se infiere, que la Provincia donde desembarcó el Apóstol es distinta de la de Asturias, estaba inmediata; pues dice que desde ella entró en Asturias; y si antes hubiera estado, o pasado por otra, también nos lo dijera, poniéndola por su orden, como lo hace cuando de Asturias le pone en Galicia, y desde Galicia en Castilla, que son las inmediatas; y no pudiendo ser Galicia la Provincia inmediata a Asturias, en que desembarcó, porque en tal caso no hubiera estado primero en Asturias, y después en Galicia, sino al revés, solo resta, que sea la Provincia de Cantabria la que tuvo la dicha de recibir la primera al Santo Apóstol. De este modo se dejan entender sin violencia las palabras del Obispo, que nos pone el Lugar donde desembarcó, desde el que, caminando por las Costas del Océano, se entró inmediatamente en Asturias hasta llegar a Oviedo; desde aquí pasó a Galicia, y desde allí a Castilla. De otra suerte sería decirnos, que desde Asturias fue a Asturias, y por Asturias a Oviedo, que es un modo de entender las palabras violento y repugnante.
Supuesto, pues, que las palabras del Obispo no pueden dar a entender otra cosa, sino que desembarcó el Apóstol en la Cantabria; solo tenemos que responder a lo que dificulta el Maestro Gándara. Quiere éste que desembarcase el Apóstol en Galicia, y teniendo contra sí un Autor tan fidedigno como el Obispo, por las razones referidas, no atreviéndose a negar su mucha autoridad, recurre a decir, que estas palabras no fueron escritas por el Obispo, sino por algún otro Autor; y se funda en que se nombra Asturias, nombre que no había en tiempo del Obispo; pero no es cierto que nuestros españoles no usaron de este nombre Asturias por aquellos tiempos; pues hay quien diga, que tomó aquella Provincia el nombre de Asturias de su rey Astur, hijo de Osiris, que fue mucho tiempo antes que el Obispo, ni aunque fuera verdad, que otro el Autor del Papel en que se hallan las referidas palabras, dejara de ser grande su autoridad; pues el mismo Gándara dice, que estaba antes en el Archivo de Barcelona, y que de allí se trajo al de Zaragoza, y se juntó a las Obras «Morales de San Gregorio»[3]; señal de que era de bastante consideración, y aprecio, y como de tal se han valido de él Escritores clásicos.
Aunque bastaría lo dicho para eximir de temerario nuestro juicio, con todo eso hemos de pretender darle más firmeza, para que se conozca mejor la verosimilitud con que hablamos. Dijimos, que pasó el mismo duque en persona a Jerusalén para ver, y venerar a la Sagrada Virgen, y no parece fuera de razón que viniera el Apóstol en compañía de este; antes es muy conforme a ella, porque tener de su parte a un príncipe, era muy conducente para la conversión que pretendía, y como prudente tomaría los medios más proporcionados para la consecución del fin. Todo esto convenía mucho para el intento del Sagrado Apóstol, Y no parece que la prudencia de serpiente, que le mandó tener el señor, había de despreciar una ocasión tan buena que con dificultad pudiera hallarse otra igual en toda España.
Verdaderamente solo de esta manera podemos entender con facilidad algunas cosas que de otra suerte se hacen inexplicables, Siendo así, que entre nuestros autores son corrientes. Dicen muchos, que fue tan corto en número de los convertidos en España, que no pasó de uno, otros, que ocho, y el que más se extiende, a doce o trece, otros afirman, que a lo menos fue raro el que se convirtió, hasta lo último de la predicación del Apóstol, cuando se le apareció en Zaragoza la Sagrada Virgen, o más tarde. De este sentir es Angélico doctor Santo Tomás, que dice, que la semilla esparcida por Santiago es semejante a la de la palma, que tarda muchos años en dar fruto; pero después le produce por mucho tiempo. De otros sabemos, que de toda la Provincia de Asturias solo convirtió a uno, y algunos quieren sea «San Torcuato»[4], a otro en Galicia, que se llamó Agatopeo; y que estaban tan difíciles en creer, que habiendo predicado el Santo, con el fervor que acostumbraba, en un Lugar de este Reyno, no pudo conseguir el menor fruto, y en castigo, se le tragó la tierra y salió una laguna, que se llama Lamas de Aguadas[5], y arroja algunas veces a la orilla fragmentos, que indican haber habido allí Lugar; y que en Granada solo logró el que le matasen un Discípulo. En fin, casi todos concuerdan en que convirtió a muy pocos el Apóstol, o a lo menos hasta los últimos días, logró muy poco fruto. También es muy común, que cuando el Santo llegó a Zaragoza, había ya dejado Obispos en las más ciudades, y Villas de España. Y no es menos corriente, que los Discípulos que trajo desde Jerusalén fueron pocos; pues algunos no quieren que fuesen más que siete, otros nueve, y el que más, le da doce compañeros.
Veamos ahora cómo estas cosas que son en nuestros Autores tan comunes, podrán componerse. ¿si trajo tan pocos Discípulos, y tan corto fue el número de convertidos, ¿cómo pudo poner Obispos en tantas ciudades y villas de España, que, si las vamos contando, hallaremos que se acercan o pasan de doscientas? Estos Obispos claro está que habían de ser católicos; el Santo no los trajo consigo; en España tampoco los convirtió, ¿pues cómo pudo poner tantos? Yo no hallo otro modo, para dar asenso a lo que dicen tantos, y tan graves Autores, sino inclinándome a afirmar, que el Apóstol se desembarcó en la Cantabria, cuyos Naturales tenían alguna luz de fe, creían en el Dios verdadero, y tal vez poseían desde sus principios algunas noticias más, o menos confusas de la Pasión del Redentor, y de la Muerte que había de sufrir en la Cruz; y esta pudo ser la razón para haber hecho siempre tanto aprecio a ella, como señal de nuestra Redención. Por consiguiente, estaban muy dispuestos a recibir la Doctrina de Jesucristo, y creer que había padecido ya Muerte de Cruz por el Linage humano, como que tantos años antes estaban en que así sucedería y enseñados por el Apóstol, se valió de ellos para gobernar algunas iglesias, e instruir a los de otras Provincias.
Esto leemos que ejecutó pocos años después San Honorato, tercer arzobispo de Toledo, de quien refiere San Braulio[6], que fue natural de la Provincia de Cantabria, y que anduvo predicando la celestial Doctrina por diferentes Provincias, y en su tierra. Mariana[7] dice también que era Cántabro, que fue sucesor de San Saturnino en el Obispado de Tolosa de Francia, y que envió a San Fermín al interior de aquel Reino, para predicar allí la Doctrina del Evangelio. Así lo practicó el Santo Mártir, convirtiendo su doctrina, y milagros millares de Gentiles, y dando por el Señor su preciosa vida; lo cual nos da a entender, que los cántabros en aquellos tiempos, no solamente conservaban la fe en su Patria, sino también procuraban dilatarla por otras Provincias, y Reinos.
De este modo podemos entender sin mucha dificultad lo que se nos hace incomprensible de otra cualquiera suerte; y suponiendo que haya desembarcado en la Cantabria el Apóstol, deseará alguno saber en qué puerto fue su arribo; pero si lo dicho hasta aquí en este Capítulo solo ha sido por leves conjeturas, en la satisfacción de este deseo, sola la fantasía puede tener parte, y con ella suele quedar contenta la curiosidad, más no la Historia.
Digo no obstante, que como ha discurrido Gándara, los duques residían en Santander, y Laredo, y tal vez por hallar aquí la seguridad, que no se prometían en otros Pueblos de su Provincia, y es regular que a alguno de estos puertos arribase el Apóstol, o por venir en compañía del duque, o por saber que le recibiría con agrado; pues como se ha dicho, pasó a Jerusalén a visitar a la Sagrada Virgen, y especialmente se hace más verosímil, si le acompañaba este Príncipe, ya por venir a su casa, ya porque hallando aquí mayor seguridad de sus enemigos, no era regular llegar a otros Puertos de su Provincia, donde pudiera temer contrarios, sino que arribara con él los Estados, en que tenía sin contradicción su dominio; por lo que podremos determinarnos a decir, que entró por «Santander, o Laredo», si creemos al Maestro Gándara, con quien dejamos dicho, que estas dos villas eran las Capitales, donde residían los duques.
De esto se infiere que, si la Sagrada Imagen fue traída a España por el Santo Apóstol, fueron los cántabros los primeros que la veneraron, como a todas las demás que traía; porque habiendo desembarcado allí, no parece razón que les ocultase los venerables tesoros, y mucho más cuando nada tenía que temer, ya por la protección del Príncipe, y ya por la fe, que tenían los de aquella tierra. Verdad es, que todo esto no pasa de una pura conjetura, ni inclinan a otra cosa los fundamentos, pero hallará a lo menos el discreto, que no son más sólidas la razones de otros para privilegiar a sus Provincias, no teniendo para ello algunas veces fundamento de más peso, que el de la inclinación con que suavemente los arrastra el dulce amor de su Patria.
[1]Nicodemo es un personaje bíblico fundamental que aparece en el Evangelio de Juan. Era un fariseo, judío influyente y miembro del Sanedrín. Se le asocia siempre con el arte sacro. Según la tradición, él «junto a José de Arimatea» fue quien ayudó a bajar el cuerpo de Cristo de la cruz y aportó una enorme cantidad de mirra y áloe para el entierro. Existe una fuerte tradición en la literatura sagrada que une a Nicodemo con las artes y los gremios.
[2] Una de las figuras más brillantes de la España del siglo VII. Tajón fue obispo de Zaragoza «sucediendo a San Braulio» y es el eslabón intelectual que une la época de los visigodos con el saber antiguo. «Tajón es famoso por su viaje a Roma en el año 646, enviado por el rey Chindasvinto». Su misión era recuperar los libros de los Morales de San Gregorio Magno que se habían perdido en España. El Padre Sota sostenía que, durante la invasión musulmana, muchos de los tesoros y libros que hombres como el Obispo Tajón habían recopilado en Zaragoza o Toledo fueron trasladados al norte, a las Asturias de Santillana y Trasmiera.
[3] San Gregorio Magno «el Papa Gregorio I», quien es el «padre espiritual» de gran parte de la cultura medieval española era la máxima garantía de ortodoxia. Si el Santuario de la Hoz seguía las enseñanzas de Gregorio, era un lugar de fe pura. Es la pieza que cierra el círculo intelectual de los visigodos y la mística de la Bien Aparecida. El Obispo Tajón y el rey Chindasvinto estaban obsesionados con sus libros. El Obispo Tajón viajó a Roma expresamente para buscar los Morales «comentarios al Libro de Job» de San Gregorio.
[4] La tradición cuenta que Santiago el Mayor, tras su viaje a España, envió a siete de sus discípulos a Roma para ser ordenados obispos por San Pedro y San Pablo. «Torcuato fue el líder de este grupo encargado de evangelizar definitivamente la Península».
[5] Un solar de linaje. Lamas: Se refiere a prados húmedos, llanuras fértiles o terrenos junto al agua «del latín lama». Aguadas: Refuerza la abundancia de manantiales o la proximidad al río «el Asón». Para el Padre de León, «Lamas de Aguadas» describe la fertilidad de la Junta de Voto, una tierra que, gracias a su abundancia de agua, pudo sostener a esos pueblos antiguos «Jutos, griegos» y a la caballería de los Reyes Godos.
[6] San Braulio fue el consejero íntimo de los reyes. Fue él quien instó a Chindasvinto a corregir las leyes y a proteger la cultura. Representa la influencia del sabio sobre el guerrero. Si Chindasvinto es la fuerza que defiende las montañas de Cantabria, Braulio es la voz que le dicta que esa defensa debe ser para proteger la cristiandad.
[7] Mariana, una de las autoridades históricas más influyentes «y a veces polémicas» de España: el Padre Juan de Mariana «1536–1624». Fue quien sistematizó la historia de los Reyes Godos «Amalarico, Chindasvinto» y la Reconquista «Alonso III».
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