Un lugar llamado libertad es una obra apasionante, una trepidante novela de acción
Un lugar llamado libertad es una obra apasionante, una trepidante novela de acción, donde brilla el talento narrativo de uno de los autores más reconocidos de nuestro tiempo, Ken Follett.
Ser minero del carbón en la Escocia del siglo XVIII significaba servidumbre y sufrimiento. Por eso Mack McAsh se enfrentó a su amo, lo que le obligó a huir. Para el joven comenzó una odisea, que le llevó a Londres y luego a las colonias de América del Norte, convertidas más que nunca en esperanza de libertad.
Para mí, **Un lugar llamado libertad** es una de esas novelas de Ken Follett que no intenta ser profunda, sino efectiva, y lo consigue.
La leí esperando otra gran saga histórica al estilo de *Los pilares de la Tierra*, y no lo es. Es más corta, más directa, más de aventuras. Y ahí es donde me ganó.
Lo que más me atrapó fue Mack McAsh. Follett hace algo que se le da muy bien: convertir una injusticia histórica muy concreta, en este caso la servidumbre de los mineros del carbón en la Escocia de 1767, que eran literalmente propiedad del dueño de la mina, en una historia personal de rabia y huida. Yo sentí desde el principio esa claustrofobia de la mina y entendí por qué Mack no podía quedarse. No es un héroe perfecto, es terco, orgulloso, a veces ingenuo, y por eso funciona.
El ritmo es trepidante, como dice la sinopsis, pero de verdad. La primera parte en Escocia me pareció la mejor, la más cruda y original. La segunda en Londres, con el submundo de los muelles, los taberneros, los abogados corruptos y Lizzie Hallim, me pareció brillante como retrato social. Follett te hace oler el Támesis sucio del siglo XVIII.
Mi pero viene en la tercera parte, en América. Cuando cruzan a Virginia, la novela se vuelve un poco más previsible. La trama de amor, la plantación, el villano que reaparece. Ya he visto ese esquema en otras novelas suyas. La historia de amor entre Mack y Lizzie, aunque bonita y con esa idea de libertad que da título al libro, a ratos me resultó demasiado idealizada frente a todo lo demás, que es mucho más duro.
Aun así, si tengo que valorarla en conjunto, es una novela que me mantuvo pegado. Follett no se pierde en descripciones interminables, va al grano, te mete en la acción y te explica sin aburrir cómo funcionaba la justicia, el comercio de tabaco y la esclavitud por contrato en las colonias.
No es su obra maestra, y se nota que es una novela de transición que escribió en 1995, pero para mí es una de las más entretenidas y honestas que tiene. Es una historia sobre lo que significa ser libre cuando todo el sistema está diseñado para que no lo seas. Y esa idea, la de que la libertad no es un lugar sino una conquista constante, me quedó dando vueltas mucho después de cerrarla.
Si te gusta Follett por la aventura histórica con trasfondo social, te va a encantar. Si buscas la complejidad de *Pilares*, quizá te sepa a poco.
La leí esperando otra gran saga histórica al estilo de *Los pilares de la Tierra*, y no lo es. Es más corta, más directa, más de aventuras. Y ahí es donde me ganó.
Lo que más me atrapó fue Mack McAsh. Follett hace algo que se le da muy bien: convertir una injusticia histórica muy concreta, en este caso la servidumbre de los mineros del carbón en la Escocia de 1767, que eran literalmente propiedad del dueño de la mina, en una historia personal de rabia y huida. Yo sentí desde el principio esa claustrofobia de la mina y entendí por qué Mack no podía quedarse. No es un héroe perfecto, es terco, orgulloso, a veces ingenuo, y por eso funciona.
El ritmo es trepidante, como dice la sinopsis, pero de verdad. La primera parte en Escocia me pareció la mejor, la más cruda y original. La segunda en Londres, con el submundo de los muelles, los taberneros, los abogados corruptos y Lizzie Hallim, me pareció brillante como retrato social. Follett te hace oler el Támesis sucio del siglo XVIII.
Mi pero viene en la tercera parte, en América. Cuando cruzan a Virginia, la novela se vuelve un poco más previsible. La trama de amor, la plantación, el villano que reaparece. Ya he visto ese esquema en otras novelas suyas. La historia de amor entre Mack y Lizzie, aunque bonita y con esa idea de libertad que da título al libro, a ratos me resultó demasiado idealizada frente a todo lo demás, que es mucho más duro.
Aun así, si tengo que valorarla en conjunto, es una novela que me mantuvo pegado. Follett no se pierde en descripciones interminables, va al grano, te mete en la acción y te explica sin aburrir cómo funcionaba la justicia, el comercio de tabaco y la esclavitud por contrato en las colonias.
No es su obra maestra, y se nota que es una novela de transición que escribió en 1995, pero para mí es una de las más entretenidas y honestas que tiene. Es una historia sobre lo que significa ser libre cuando todo el sistema está diseñado para que no lo seas. Y esa idea, la de que la libertad no es un lugar sino una conquista constante, me quedó dando vueltas mucho después de cerrarla.
Si te gusta Follett por la aventura histórica con trasfondo social, te va a encantar. Si buscas la complejidad de *Pilares*, quizá te sepa a poco.

0 Comentarios
Gracias por tu comentario