Las gratitudes

Las gratitudes: 1041 (Panorama de narrativas)

Una bellísima novela sobre la gratitud, sobre lo importante que es poder dar las gracias a aquellos que nos han ayudado en la vida.

Es una novela que te deja en silencio. Y no lo digo como una frase bonita. Te deja literalmente sin palabras, que es justo de lo que va.

Leí Las Gratitudes de Delphine de Vigan en una tarde, de un tirón, y me quedé con esa sensación extraña de haber sido rozado por algo muy verdadero y a la vez muy frágil. Es corta, apenas 150 páginas, austera, casi sin adornos. Y precisamente por eso golpea tanto.

Te cuento lo que me removió a mí, en lo personal.

1. La gratitud como deuda impagable

Lo que más me atrapó es esa pregunta inicial de Marie: ¿Fui suficientemente agradecida?

Todos tenemos una Michka en nuestra vida. Esa anciana, esa profesora, ese vecino que estuvo ahí cuando nuestra madre no pudo estar. Alguien que nos sostuvo sin hacer ruido. Y a esa gente casi nunca le decimos gracias a tiempo.

2. Michka: el terror a perder las palabras

Michka Seld es uno de los personajes más dignos y desoladores que he leído en mucho tiempo. Una anciana que fue niña judía escondida durante la ocupación nazi, que sobrevivió gracias a unos desconocidos, que se hizo a sí misma como correctora en un mundo de palabras... y que ahora sufre afasia.

Su única obsesión lúcida en medio de la niebla: encontrar a la familia que la escondió de niña para darles las gracias. Nunca lo hizo. Y ahora se le acaba el tiempo.

3. Jérôme, el personaje que me salvó

Si Marie es la culpa y el amor filial, Jérôme es la ternura en estado puro. Ese logopeda que dice: "Trabajo con las palabras y con el silencio. Con lo que no se dice. Con la vergüenza, con los secretos, con los remordimientos..."

Su paciencia infinita con los ejercicios, con las fotos, con los fallos, me reconcilió con la idea de la bondad profesional. Hay gente que hace del cuidar su oficio, y eso es sagrado.

4. Por qué me parece una obra maestra pequeña

Las Gratitudes no es una novela sobre el Holocausto. No es una novela sobre la vejez. Es una novela sobre lo que queda cuando todo lo demás se cae.

  • Que la memoria es identidad, y cuando la memoria se va, necesitamos a otros que recuerden por nosotros.
  • Que decir "gracias" es un acto de justicia, no de cortesía.
  • Que nunca es tarde, pero casi.

La cerré y lo primero que hice fue llamar a mi abuela. No le dije nada de la novela. Solo le di las gracias por algo muy concreto que nunca le había agradecido. Se hizo un silencio al otro lado. Y luego me dijo: "Qué tonto eres".

Para mí, si un libro te empuja a hacer eso, ya ha cumplido todo.

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